-Paciencia: Elongar lleva tiempo y apurar las cosas
nunca tiene un buen resultado, es muy probable que termine en lesiones.
-Escuchar nuestro cuerpo, para reconocer el
límite. El docente puede
exigir mucho en la clase, pero el alumno es el único que puede realmente saber
hasta dónde puede ir su propio cuerpo.
-Elongar duele; la clase no es tan sufrida una vez
que logremos asumir eso. Así es la vida… lo que nos duele elongando, es lo que
no nos va a doler en otros momentos.
-Relajar: mientras más nos duele, más tensos nos
ponemos y menos elongamos. Hay que aprender a relajar y pensar en otra cosa.
Con el tiempo aprendemos a disfrutar de ese dolor.
-No rebotar: cuando rebotamos elongando, el músculo se
contrae y distiende continuamente, lo cual muchas veces hace que el cuerpo no
entienda completamente qué es lo que queremos hacer y por eso se lesiona.
-Constancia: hay que elongar seguido para notar una
diferencia cualitativa.
-Aprovechar los días de humedad: son los mejores para elongar y en los cuales
hay menores riesgos de lesiones.
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